Karen Hastedt

Cinco años después de la trágica muerte de su padre, Karen Hastedt se lanzó, en el 2007, a las profundas aguas del Canal de la Mancha para atravesarlo a nado: una hazaña deportiva con la que creía que podría dejar atrás ese dolor emocional y la depresión causada por aquel suceso familiar.

Durante 16 horas, Hastedt permaneció en el agua. Recuerda que una multitud de pensamientos desfiló por su mente, entre estos los de suicidio, contra los que ya venía luchando. Pero algo le hizo seguir adelante a pesar del cansancio.

Su propósito de llevar en alto a Guatemala con aquella travesía le ayudó a vivir. También pensó en las personas que le expresaron afecto y admiración, sobre todo el extraño acompañamiento de una gaviota, allí en medio de las aguas. Ella está segura de que era su padre. “Sentí que conversé con él y tuve la oportunidad de despedirme allí, pues no había podido hacerlo. Voló en dirección al cielo después de tres horas de estar a mi lado. Fue algo muy extraño, pero me llenó de mucha paz”, afirma.

El dolor no desapareció y se volvió más intenso. La idea de quitarse la vida rondaba constantemente en su mente hasta que Hastedt misma le puso un freno: no quería que su familia volviera a atravesar por un duelo así y se trazó el propósito de ayudar a quienes vivieran esta difícil situación.

Es entonces cuando nace la fundación contra el suicidio Ama Vida, que cuenta con apoyo de expertos y voluntarios, no solo para consolar, sino para informar.